sábado, 5 de octubre de 2013

Dicen.

He dejado de tener un motivo por el que levantarme por las mañanas, o mejor dicho, el motivo me ha abandonado a mí. Y supongo que es por eso por lo que el cola-cao de las mañanas es frío, aunque te queme la lengua; que tenga la ropa divida en estaciones, pero solo usar la de invierno, y es que, es con la única que parece que no te hace falta un abrazo. Que últimamente el negro se ha apropiado de mis uñas, y la sombra de ojos ya no ha vuelto a ser de otro color. Me maquillo por simple rutina y porque quiero que se cumpla eso de que "las apariencias engañan" ,el interior es muy mío para ser exterior todavía y no me permito parecer débil ni una sola vez. No lloro por las noches para hacer los insomnios más cortos o más largos, según se mire, pero tampoco lloro de día. ¿Para qué? Los amigos te apoyan, claro que sí, pero cada uno sale solo de su mierda. 
Cuando digas que no puedas más, siempre puedes, no conozco a nadie que lo haya dicho y lo haya hecho, se haya bajado de este tren. Y doy gracias por ello, lo considero de una valiente cobardía y yo no soy tan valiente como enfrentarme a la situación. La vida necesita esperanza y tenerla es lo que nos hace humanos. Yo sigo con la esperanza de volver a tener un motivo por el que levantarme de la cama, es decir, sigo con la esperanza de volver a decirte que "Siempre nos quedará París" sin ni siquiera haber estado antes, de calentarme las manos con la tuyas mientras sonrío y tú me preguntes por qué es que yo las tengo tan frías. El frío siempre me ha perseguido y tras muchos intentos me ha encontrado. Sin ti.
La esperanza es lo último que se pierde.

(Dicen)