Solo sé vivir a contrarreloj
y nadar a contracorriente.
Cuento el tiempo hacia atrás,
por eso miro sólo hacia delante.
No quiero perder tiempo en el pasado,
aunque aparezca cada vez que sustituyo la huída,
por el reencuentro.
Intentamos hacer las paces muchas veces,
y terminamos como amantes intentando perdonarse,
queremos con el corazón,
pero al final,
sólo se queda en eso:
una paz que dura lo que duran los reencuentros.
domingo, 20 de octubre de 2019
domingo, 9 de junio de 2019
He tardado en entenderlo,
pero he comprendido más tarde de lo que creía,
y con la certeza de quien sabe lo que acarrean los amaneceres,
que cada vez que huyo
no es de algo,
ni de alguien.
No voy en búsqueda de emociones,
embarcándome en aventuras,
resolviendo misterios.
No busco la adrenalina,
de la caídas al vacío,
tampoco expectativas realizadas,
ni sueños sin cumplir.
Huyo de mí,
de un yo que no (re)conozco,
de un yo que no comprendo
de un yo que ya no es seguridad, comprensión y cariño.
Huyo de un yo que ya no es hogar.
Huyo de quien soy y de lo que no quiero ser.
El problema es que huir no te hace ser distinto, te hace ser cobarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)