viernes, 13 de febrero de 2015

Pongamos que hablo de Madrid

Me enamoré de él la primera vez que pisé sus calles y vi lo bonito que podía ser sentirse perdido entre mucha gente. La belleza también está en las cosas simples, como comer sushi a las 6 de la tarde, pasarse media hora escogiendo entre miles de dulces o sacar una foto del cielo invernal.
Y después de mucho buscar la estación, corrí para coger el metro y no me paré a pensar en los destinos, y así, cada parada era una nueva aventura y un nuevo desafío. Y aunque siempre existe la tentación de cruzar la vía, me quedé prendada de unos ojos verdes que no dejaban de mirarme y decidí que no podía estar en mejor lugar.
Pongamos que hablo de Madrid.