Te prometo que si la envidio es porque lucha como si no hubiese mañana. Porque se ríe con el mundo y llora con él. Porque sabe coger impulso a sabiendas de que las alas en cualquier momento le pueden fallar. Porque es de las que piensa que el secreto está en continuar saltando, sin hacerle caso a aquellos que dicen que no se puede volar. No entiende otra forma de avanzar que no sea tropezando. Porque es la que grita cuando yo solo tengo fuerzas para odiar el silencio. La que reclama la verdad y reivindica lo suyo a cualquier precio. La mujer osada, infalible y guerrera. La niña cariñosa, dulce y sincera. La que canta para que deje de llover pero que hace que llueva todavía más, la de "vamos a sacarnos una foto" cada vez que sale de casa, la de los snaps de 50 segundos, que te pregunte "¿Me quieres?" aunque es obvio que sabe la respuesta. Que te diga qué te pasa cuando ni quiera tú lo sabes y qué miedo que alguien sea capaz de conocerte más que tú mismo. La psicóloga en potencia, la defensora de lo indefendible y la cabezota que no para hasta conseguir aquello que quiere. La chica sensible que llora con una película triste que le trae recuerdos, en una despedida en una estación o cuando sabe que hay cosas que sólo va a vivir una vez. La que se ralla un año antes de que puedan ocurrir las cosas, y necesita tener organizado desde su archivador a lo que va a hacer el fin de semana que viene, la que odia los imprevistos, las cancelaciones y la monotonía. La que busca sorprender y sorprende, la de las respuestas inesperadas. La chica imprevisible.
Mi amiga.
Mi hermana.
Mi familia.