sábado, 6 de febrero de 2016

Con tal de que no se fuera, con tal de no perderte.

Hay tres cosas que he tenido claras desde que te conocí: Que nunca iba a dejar de quererte, ni podrías caer en el olvido y mucho menos que alguien llegaría a significar lo mismo que tú algún día, porque yo creo en eso de hay cosas que solo pasan una vez en la vida, y no va a ser justo a mí a la que le pasen dos. Nunca nadie me había llegado tan adentro, en tan poco tiempo, y con tanta fuerza, y  eso que sabía desde el principio que ibas a ser mucho más de lo que imaginaba. Aún no soy capaz de definir lo que fuiste para mí y dudo mucho que sea capaz de hacerlo algún día y que alguien llegue a entenderme si no lo ha vivido.
No estoy orgullosa de muchas cosas que he hecho o dicho a lo largo de todos estos años, y es que, como tú, me he equivocado muchas más veces de las que debería, pero nunca he querido hacerte daño, y si te lo he hecho, nunca, y repito, nunca, fue intencionadamente. Siempre te he antepuesto a mí en todo, ante todo, sobre todo, siempre has sido mi prioridad y nunca soporté, soporto, ni soportaré verte sufrir. 
A día de hoy, te puedo decir que te echo de menos como cualquier otro día, y es que eso es una cosa que no creo que cambie nunca. Estuve enamorada de ti, aunque, como siempre, me di cuenta tarde. Te juro que intenté hacer las cosas lo mejor que pude, pero siempre tuve miedo, aunque no tengo muy claro todavía de qué. Venir aquí ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, y aunque no sé si ha sido una huida o un comienzo, estoy orgullosa de mí misma, algo que me ha costado más de lo que debería. El miedo se ha ido y ha sido sustituido por ganas de vivir y la belleza de los precipicios.
Yo sólo espero que te cuides, y que todo te este yendo bien, o no, sin mí, de la misma forma que a mí va bien, dentro de lo que cabe, sin ti. Gracias por todos estos años, por todos los consejos que me has dado, por toda tu ayuda y tu preocupación, por quererme (puede que alguna vez lo hicieras) y por ser mi mejor amigo, mi complemento de vida, mi familia, mi casa, durante todo este tiempo. Has sido una parte principal de mi adolescencia, en todos los sentidos. Y gracias, a ti, también, por los momentos malos, y por confirmar mi teoría de que hasta la persona que menos te esperas que lo haga te falla.
Te quiero, como una masoquista que abre la herida cada vez que está curando para que le quede cicatriz.
Lo peor de todo, es que una parte de mí sigue pensando que vas a volver, y lo único que quiere hacer es abrazarte y ponerte al día de todas las cosas que me han pasado, sin ti. Y es que aún me parece increíble, pero eres a la única persona con la que empezaría de nuevo, con tal de que no se fuera, con tal de no perderla, con tal de no perderte.
Cuídate, o que te cuiden , pero que lo hagan bien, y mejor que yo.