domingo, 26 de enero de 2014

Texto de Sergio Carrión (@SergioCarrion) Sin palabras.

"Porque al final uno acaba entendiendo que esperar a alguien es como callarse, y que sólo cuando una se va se dice “te quiero”. Porque a veces hay personas a las que no llegan trenes, y uno tiene que ir andando. Y soportar la distancia recorriéndola, y no quejándose de ella. Porque al final la soledad sólo es un prólogo que dura hasta que dejamos de cerrar la puerta, con la intención de que alguna persona se atreva a llamar. Porque a veces, y casi siempre, hay mucha gente que se queda en el umbral, con el miedo impidiéndoles acercarse del todo. Y uno entiende que la vida también sigue sin nadie, y que el sol brilla, y que el cielo vuelve a vestirse de azul bonito, aunque nos sintamos tristes. Y que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos cuando no nos importa salvarnos. O al menos intentarlo. Y que de nada sirve pedir que nos acepten, si vamos juzgando a los demás sin conocerlos. Porque las personas son más de lo que dicen, y lo que callan hay que aprender a escucharlo con el tiempo. Y con el tiempo uno entiende que acostumbrarse es otra forma de morir, y que hasta lo sano resulta dañino si no aceptamos que hasta lo bueno termina. Porque también hay que aprender a irse, al igual que hay que aprender a dejar marchar, y a no llegar a ningún sitio. Porque el error más grande del mundo es cometer un error y no ver que estamos más cerca del acierto. Y caer y pensar que el dolor no nos cura un poco. Porque se vive sintiendo, y no hay otra forma. Y ojalá nos demos cuenta de eso antes de vestir con cada beso. Y una mano en el la que encajar con nuestra mano. Y un atardecer que contemplar al lado de alguien, pensando que, al final, no todo ha salido tan mal como esperábamos."

miércoles, 22 de enero de 2014

14 van ya, y los que nos quedan.

Bueno mi rubia, mi bichito azul, aquí estoy un año más intentando escribir algo que valga la pena para alegrarte el día y si es posible, emocionarte.

Te me haces mayor cariño, parece que fue ayer cuando compartíamos pupitre, cotilleos, juegos e incluso riñas. Está claro que nos enfadamos muchas veces, pero aquí estamos y aquí seguimos, y en eso consiste la verdadera amistad, no es ser inseparables, si no en separarse y que no cambie nada.
Sigo echando de menos no ver tu cara por las mañanas, hacer trabajos juntas, ponerse a jugar al monopoli a las tres de la mañana, esa manera que tienes de reírte por cosas insignificantes, compartir la merienda en el recreo e incluso cuando tus dibujos eran mejores que los míos.
Hemos vivido muchas cosas juntas, de esas que no se olvidan ni se olvidarán nunca. Te he visto crecer, madurar, como cambiabas de peinado, de letra, de estilo de vestir, de compañía e incluso de amor. Y no cambio eso ni por todo el oro del mundo.
Muchas gracias por todos los momentos, por seguir estando ahí desde los tres añitos y por los muchos  más años que estaremos juntas. Por conocerme y saber hasta lo que estoy pensando, porque da igual que no nos veamos en una semana, un día sin saber de ti ya no es lo mismo, y joder, que hace mucho que ya lo sabes todo, que no eres una amiga, eres mucho más. Así que deja de leer estas tonterías que ya sabes que eres imprescindible. Que yo tengo el contrato de permanencia de por vida firmado hace ya mucho. Y no me arrepiento.
Eres única mi niña, que nadie te haga creer lo contrario. Te quiero muchísimo.
Muchísimas felicidades otra vez, disfruta de tus 17 que te lo mereces.