domingo, 9 de octubre de 2016

Hoy, un domingo cualquiera,
en una ciudad no cualquiera
me atrevo a decir (te),
me atrevo a escribir (te)
por primera
- y última vez-,
que me gustaría
encontrar en otra vida
un torbellino idéntico a ti.
Un cajón de(sastre) donde cada vez que mire
lo último que piense encontrar,
sea, exactamente, lo que encuentre.
Y que lo que encuentre, siempre será mejor
que lo que estaba buscando. 

Eres una sorpresa que se sorprende a si misma, 
donde cada día es una página en blanco 
y cada página es blanco una incógnita que poca gente se atreve a resolver,
a despejar la X, con lo bonitos que son los misterios. 
Eres destrucción y guerra para ocultar lo que la sociedad considera vulnerable,
para ocultar que siempre eres suma, y nunca resta.
Que tú siempre eres más, mucho más. 

Ojalá fuese capaz de explicar,
lo que vemos los demás en ti,
lo que veo en ti. 
Ojalá fuese(s) capaz de entender 
que tienes un hueco en mí 
que pocos, muy pocos,
han encontrado. 

Dejemos de engañarnos, 
quiero encontrarte a ti, 
de nuevo 
en otra vida. 



viernes, 12 de agosto de 2016

Ojalá en otra vida

Regresamos a nosotros
para recordar
qué es lo que seguimos buscando
en otros labios.

Regresamos a nosotros
como drogadictos recaídos
como zombies (des)esperados
esperando encontrar la receta para la cura,
la cura a la enfermedad más grave
más grande
y que más dolor y sufrimiento ha causado.
El amor.

Regresamos a nosotros
porque por muchos intentos de volar
caemos
precipitadamente
en el abismo
y es que es el vértigo del precipicio
lo que nos hace ser.

Regresamos a nosotros
simplemente porque sí.
Porque somos inevitables
imposibles
imperfectos.

Somos un ni contigo
ni sin ti.

Ojalá en otra vida.

jueves, 4 de agosto de 2016

Ser

He tardado en comprenderlo
pero he entendido,
(por fin)
que lo que ha cambiado
soy yo,
y es que era yo
la que te hacía ser.

martes, 26 de julio de 2016

Ojalá

Ojalá pases algún día
como pasa la joventud
y como pesa el tiempo.
Ojalá cuando me de cuenta
expires - en pretérito -
y cuando respire
solo perciba un recuerdo
(vago)
de lo que fue
de lo que pudo ser
de lo que no ha sido.
Ojalá pases por (delante de) mi vida
y ojalá cuando lo hagas
yo no tenga los mismos ojos
y así, ojalá
no vea en ti
aquello por lo que quiero quedarme
siempre
en tu recuerdo.

viernes, 8 de julio de 2016

Somos cambio

Dicen que hay que perderse para volver a encontrarse, y yo, que llevaba demasiado tiempo perdida, por fin me he encontrado.
No creo que sea capaz de explicar con palabras lo que ha significado para mí este curso, probablemente porque ni siquiera yo me haya dado cuenta todavía de la trascendencia de los 9 meses que he pasado en una ciudad que me enamoró la primera vez que la vi. Salamanca puede ser muchas cosas, pero ella será lo que tú quieres que sea. Para mí, ha sido casa, calma y cobijo, me acogió como a millones de personas que han pisado sus calles y me hizo formar parte de ella.
Esta ha sido, sin duda, la sido la mejor decisión que he tomado, y no habría podido elegir una ciudad mejor para vivir.
Desde luego, sería hipócrita si todo el mérito lo tuviese Salamanca cuando los lugares valen, desde siempre, lo que valen las personas que hay en ellos. Y en cuanto a eso, he tenido mucha suerte. Lo único que puedo hacer es dar las gracias a todas las personas que han formado parte de esto y que, en mayor o menor medida, me han hecho ser mi mejor versión. He aprendido  muchas cosas, entre ellas que Extremadura no es tan extrema ni tan dura, Soria y Logroño tienen mucho encanto, León vale la pena visitarlo, el norte no es tan frío como dicen y las islas siempre estarán dispuestas a ser visitadas. Aprendí a vivir con recuerdos y no de ellos, que las apariencias engañan y vale la pena pasar el tiempo descubriendo que hay debajo de la piel al igual que dejarse la piel por los que quieres pero no por lo que no te quieren, a los que hay que dejar ir, al igual que hay que aprender a despedir, y a despedirse, a ir y a irse. He aprendido la lección más importante de mi vida y que me ha costado más de lo que debería: quererme, y aunque a veces haya algunos baches, y Coruña desde luego no ayude, me veo en las personas que me quieren y a las que quiero y me acuerdo de mí, y vuelvo a ser yo.
Han sido los nueve meses más felices de mi vida, y tras mucho intentarlo, he comprendido que el truco para ser feliz es ser un mismo y estar en casa, es decir, estar con la gente que quieres y que te quieren, y todo lo que eso conlleva. Con vosotros estoy en casa. Gracias por hacerme feliz y por lograr que los 19 fueran muy especiales. Por hacerme sentir, crecer y evolucionar. Por ser, pero sobre todo por estar.

Ahora ya entiendo porque Antonio Machado adoraba Castilla.

Después de un año sí lo sé, ha sido una huida que se ha convertido en comienzo.

lunes, 18 de abril de 2016

Abril

Lo noto.
Que has dejado de estar
incluso antes
de haberte ido.
Y no sé que es peor,
si cuando te veo y no te reconozco
si cuando no te veo y sé que existes
pero que ya no eres.
Ya no eres,
y yo no soy.



sábado, 16 de abril de 2016

Marzo

"Me pedirás que me quede,
aún sabiendo que lo mejor
es que me aleje.
Me iré,
aún sabiendo que regresaré.
Y así estaremos,
en este vaivén
de incertidumbres y emociones;
donde me amas,
pero no me quieres cerca;
donde te quiero cerca
pero no puedo avanzar junto a ti. "

Simón A. Moreno. / @SAmargos

viernes, 4 de marzo de 2016

Catorce

Siempre estuve segura de que no te volvería a escribir, de que no te volvería a besar, de que nunca me volverías a abrazar. Aún no me creo que, después de todo, me sorprenda un día mirándote como cuando tenía 15 años y queriéndote incluso más ( nunca creí que eso fuera posible). Es cierto que no somos los mismo, pero cuando estamos juntos es como si el tiempo no hubiera pasado por nosotros y, como siempre, todo lo demás desaparece y solo existimos tú y yo.
Es cierto que somos lo más opuesto que existe y supongo que será por eso por lo que nos atraemos tanto con un ´ni contigo, ni sin ti` constante. Me conoces más de lo que deberías y yo te conozco con todas las consecuencias y te quiero asumiendo todas ellas.
Sé que muchas veces parezco una insensible, como si las cosas pasaran por mí en vez de a mí, pero supongo que es una forma de autodefensa, porque te conozco, porque me conozco, porque nos conozco. Y es que en quererte tengo carrera, máster y cátedra y aún cuando estoy contigo sigo estudiándote  para aprenderte de memoria.
Después de tantos años, sigo sin poder explicar lo que has significado y significas para mí y dudo que alguna vez sea capaz de explicarlo con palabras.
Tú me haces sentir viva, me has devuelto una parte de mí que había muerto contigo y que estaba segura que no iba a ser capaz de recuperar, y es que nunca me voy a sentir con alguien como me siento contigo, porque consigues que mientras te mire, el mundo no me importe y lo único que quiera sea comerte a besos y quedarme a vivir en tu pecho.
Te quiero, pase lo que pase y pese a quien le pese, y ojalá que solo fuera eso.
Yo solo quiero que estés bien, y que todo te vaya bien, este o no esté yo en tu vida. Cuídate mucho y , lo más importante, sé feliz.

sábado, 6 de febrero de 2016

Con tal de que no se fuera, con tal de no perderte.

Hay tres cosas que he tenido claras desde que te conocí: Que nunca iba a dejar de quererte, ni podrías caer en el olvido y mucho menos que alguien llegaría a significar lo mismo que tú algún día, porque yo creo en eso de hay cosas que solo pasan una vez en la vida, y no va a ser justo a mí a la que le pasen dos. Nunca nadie me había llegado tan adentro, en tan poco tiempo, y con tanta fuerza, y  eso que sabía desde el principio que ibas a ser mucho más de lo que imaginaba. Aún no soy capaz de definir lo que fuiste para mí y dudo mucho que sea capaz de hacerlo algún día y que alguien llegue a entenderme si no lo ha vivido.
No estoy orgullosa de muchas cosas que he hecho o dicho a lo largo de todos estos años, y es que, como tú, me he equivocado muchas más veces de las que debería, pero nunca he querido hacerte daño, y si te lo he hecho, nunca, y repito, nunca, fue intencionadamente. Siempre te he antepuesto a mí en todo, ante todo, sobre todo, siempre has sido mi prioridad y nunca soporté, soporto, ni soportaré verte sufrir. 
A día de hoy, te puedo decir que te echo de menos como cualquier otro día, y es que eso es una cosa que no creo que cambie nunca. Estuve enamorada de ti, aunque, como siempre, me di cuenta tarde. Te juro que intenté hacer las cosas lo mejor que pude, pero siempre tuve miedo, aunque no tengo muy claro todavía de qué. Venir aquí ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, y aunque no sé si ha sido una huida o un comienzo, estoy orgullosa de mí misma, algo que me ha costado más de lo que debería. El miedo se ha ido y ha sido sustituido por ganas de vivir y la belleza de los precipicios.
Yo sólo espero que te cuides, y que todo te este yendo bien, o no, sin mí, de la misma forma que a mí va bien, dentro de lo que cabe, sin ti. Gracias por todos estos años, por todos los consejos que me has dado, por toda tu ayuda y tu preocupación, por quererme (puede que alguna vez lo hicieras) y por ser mi mejor amigo, mi complemento de vida, mi familia, mi casa, durante todo este tiempo. Has sido una parte principal de mi adolescencia, en todos los sentidos. Y gracias, a ti, también, por los momentos malos, y por confirmar mi teoría de que hasta la persona que menos te esperas que lo haga te falla.
Te quiero, como una masoquista que abre la herida cada vez que está curando para que le quede cicatriz.
Lo peor de todo, es que una parte de mí sigue pensando que vas a volver, y lo único que quiere hacer es abrazarte y ponerte al día de todas las cosas que me han pasado, sin ti. Y es que aún me parece increíble, pero eres a la única persona con la que empezaría de nuevo, con tal de que no se fuera, con tal de no perderla, con tal de no perderte.
Cuídate, o que te cuiden , pero que lo hagan bien, y mejor que yo.