pero he comprendido más tarde de lo que creía,
y con la certeza de quien sabe lo que acarrean los amaneceres,
que cada vez que huyo
no es de algo,
ni de alguien.
No voy en búsqueda de emociones,
embarcándome en aventuras,
resolviendo misterios.
No busco la adrenalina,
de la caídas al vacío,
tampoco expectativas realizadas,
ni sueños sin cumplir.
Huyo de mí,
de un yo que no (re)conozco,
de un yo que no comprendo
de un yo que ya no es seguridad, comprensión y cariño.
Huyo de un yo que ya no es hogar.
Huyo de quien soy y de lo que no quiero ser.
El problema es que huir no te hace ser distinto, te hace ser cobarde.
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