domingo, 24 de marzo de 2013

Dicen que nunca debes dedicar una canción, porque desde ese momento, esa melodía llevará escrita su nombre, cuando la escuches, te vendrán a la mente momentos, una sucesión de imágenes buenas o malas, que al fin y al cabo son eso, recuerdos de un pasado y un pasaje de tu vida. 
Sin embargo, la gente empeñada en odiar canciones y yo odiando perfumes. Considero que un olor es mucho más potente que una canción, es algo que te transporta al momento y te recuerda sensaciones, lo que sentías exactamente, y mientras pasa esa milésima de segundo, todo tu alrededor desaparece, y solo permanecen tus ganas de que la burbuja dure para siempre. Lo mío es una relación amor-odio, porque lo amo tanto como lo odio, es obvio, me encanta ese olor, aunque eso de girar la esquina y que me asalten las ganas de derrumbarme no me gusta en absoluto.

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