Llevo toda la vida viviendo de recuerdos, me paso los días alimentándome del pasado como si fuera una droga, mi droga necesaria para levantarme todos los días. Y lo peor de todo, es que estoy tantas veces mirando hacia atrás que no veo lo que tengo delante, y muchas veces me lo acabo comiendo; hasta que llegó alguien que se convirtió en lo más importante, con los abrazos por la espalda, para demostrarme que era hora de mirar hacia delante, y así lo hice. Y me aferré a ese clavo, pensando que no se movería, pero al final lo hizo y con ello las consecuencias que pago todos los días, y así es que volvemos al punto de inicio.
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