jueves, 1 de agosto de 2013

No valoro las cosas hasta que están al límite.

Han pasado casi dos meses desde el último día de clase. Aún no he sido capaz de despedirme de unos compañeros que se convirtieron en mi familia y me han ayudado durante tantos meses. Las despedidas nunca me han gustado ni se me han dado bien, huir de todo es mi especialidad. Sin embargo necesito hablar de ellos para decirles adiós y así cerrar una parte de mi vida que continúa abierta.
Este curso no ha sido fácil, se ha ceñido a mis expectativas y más bien ha sido, hablando en plata, una mierda. La mayor parte de él he estado tan encerrada en mí misma que casi se me olvida que había vida fuera, y lo que me costó fue salir. Pero me he levantado con ganas y gracias a la caída me aprendido quien de verdad está ahí, con quien puedo contar y con quien tengo que ser una puta hipócrita. He aprendido a mentir de una forma increíble y poner una sonrisa para fingir “felicidad”, que estos días parece inexistente en todas partes.
Mi “hermana” tiró de mí, al igual que yo tiré de ella, “cuando dos ríos se juntan se hace fuerte la corriente” y eso fue lo que hicimos. Fue y sigue siendo uno de los mayores apoyos que tengo y me entiende como nadie. 
Mi mejor amigo estuvo ahí aún cuando era difícil y también me ayudó a salir del bache, me alegraba y alegra los días y sacaba una sonrisa cuando lo necesitaba. En cuanto a Lucía, sabe verme el fondo y lee más allá de mi mirada, sabe mi mierda y yo la suya y eso nos hace más que amigas. Le debo mucho. Y para Jessi, mi rubia, no tengo palabras, es única.
En cuanto a mi pequeña familia, fue la mejor clase que he tenido en mi vida, donde he pasado muy buenos momentos, he ganado amigos y se que puedo contar con ellos cuando los necesite.

Les doy las gracias por el curso 2012-2013 y nunca los olvidaré. Les deseo lo mejor.

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