Buenas tardes, o debería decir buenos días. Ni lo sé, ni me importa, o mejor dicho, ha dejado de importarme. Tampoco sé que estoy haciendo. No sé si espero o desespero. Pero, ¿qué diferencia hay? Tampoco importa. Esa no es la pregunta adecuada.
Cuantas noches de insomnio, de soledades sonoras que parece mentira que no hayan sobrepasado paredes. De querer ser querido sin querer querer. Queriendo hacer un puzzle con los trozos que quedan de algo que se rompió hace mucho y aún sigue en escombros, sin nadie que tenga la fuerza necesaria como para malgastar su tiempo construyendo. Y parece mentira que sea 22 de septiembre, que el sol siga por ahí arriba y yo aquí debajo muriéndome de frío. Ni chaquetas ni chuvasquero,que ni la lluvia limpia ni la nieve congela. Una bufanda y un gorro. Unos labios rojos y a la calle, total, hace más frío enfrente de un libro.
Y así, entre tarde y tarde, me di cuenta de eso de querer bajarse no funciona. Que las excusas son para la gente normal, y lo ordinario no es lo mío. Y qué más da lo demás. Donde haya cuatro que se quiten cinco. Que la vida sigue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario