martes, 18 de marzo de 2014
Marzo.
Ya no hace frío, aunque yo sigo durmiendo con un pijama largo y abrazándome cada vez que algo me recuerda a él, y es que me congelo cuando pienso que se ha ido y que no va a volver. Y aún sigo sin aceptarlo, sigo esperando inconscientemente que vuelva aunque no estoy segura de que quiera que lo haga.
Supongo que las cosas han cambiado demasiado, pero sus ojos siguen siendo verdes, y los míos más bonitos cuando sueño despierta, sigue habiendo patos en Acea de Ama y también quien les dé de comer. O eso dicen, hace mucho que no ando esa media hora exacta que separa su casa de la mía mientras me como la cabeza pensando en qué estoy haciendo después de tantos intentos de salir del vicio. Al igual que me pregunto que estoy haciendo ahora escribiéndole, pero una amiga me dijo que eso de escribir no resucita, que entierra. Así que en vez de contárselo a un folio escribo que todavía te echo de menos y que estoy harta del todavía, que estoy harta de perder el tiempo en algo que sé que se ha ido, pero que no consigo aceptar que no va a volver.
Y ojalá algún día nos demos cuenta de que el amor es un gran hijo de puta que nunca cumple lo que promete. Igual que ojalá nos demos cuenta de que el invierno de verdad está dentro de uno, que el verano es su sonrisa y cualquier lugar con él de la mano puede ser París, o Bora Bora. Aunque yo prefiero Sada.
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