Pero hay cosas que también se pueden deshacer entre tus manos como el humo. Y es que alguien te quite lo más bonito que tienes, es decir, las razones para sonreír, los sueños, las esperanzas, sobre todo eso, la esperanza. . Y en ese segundo el frío vuelve un poco más a ti, y por un momento estás en el polo norte, sin nadie ni nada. Pero te levantas y pones tu mejor sonrisa, como si lo que acabas de escuchar no hubiera hecho el hueco más grande del mundo, y sacas la actriz que llevas dentro, porque puestos a perder, vamos a hacerlo con elegancia. Y es justo ahí, cuando te das cuenta que las oportunidades, los trenes, solo pasan una vez en la vida, y si no te has subido a ellos ya no hay nada que hacer aunque vayas a esperarlos a la estación, aunque corras detrás del último vagón.
Puede que siempre esperemos el momento adecuado para hacer algo, como una excusa para no hacerlo nunca, o para esperar que alguien lo haga por nosotros. Y ahí es donde estamos equivocados, las cosas se hacen ahora o no se hacen, o eso es lo que dicen , pero nade habla de la caída, de que eso es tirarse por un abismo sin saber lo que hay al fondo, donde si tienes suerte sales vivo, y si no la tienes sales sobreviviendo.
Y acabas odiando al mundo cuando en realidad puede que lo que te esté diciendo es que te levantes del sofá y corras, que te pongas las pilas, que la vida no va a ir a buscarte a casa, y si te va a buscar no es precisamente la vida.
Y acabas volviendo a usar el negro, y a abrigarte más de la cuenta aún siendo mayo, a no usar el color de el esperanza, a odiar los fines de semana, y las clases, y los recreos, y tu mal humor, o tu-no humor que termina por volverte loca, y acabas odiando que te abracen aunque lo que más quieres es que lo hagan, y que te pregunten porque es que ya no te brillan los ojos, porque ya no sonríes así, con todos los dientes, y es que te has aficionado a la sonrisa torcida.
El verano se acerca, y el sol no hace más que recordarte que el tiempo pasa. Y eso es precisamente lo que menos deseas.