sábado, 10 de mayo de 2014

Un mayo cualquiera.

La vida se puede acabar en un segundo. En disparo, una accidente, un paro cardíaco... Un segundo es todo lo que separa la vida de todo lo demás. Y supongo que es por eso por lo que nos empeñamos en intentar exprimirla al máximo.
Pero hay cosas que también se pueden deshacer entre tus manos como el humo. Y es que alguien te quite lo más bonito que tienes, es decir, las razones para sonreír, los sueños, las esperanzas, sobre todo eso, la esperanza. . Y en ese segundo el frío vuelve un poco más a ti, y por un momento estás en el polo norte, sin nadie ni nada. Pero te levantas y pones tu mejor sonrisa, como si lo que acabas de escuchar no hubiera hecho el hueco más grande del mundo, y sacas la actriz que llevas dentro, porque puestos a perder, vamos a hacerlo con elegancia. Y es justo ahí, cuando te das cuenta que las oportunidades, los trenes, solo pasan una vez en la vida, y si no te has subido a ellos ya no hay nada que hacer aunque vayas a esperarlos a la estación, aunque corras detrás del último vagón.

Puede que siempre esperemos el momento adecuado para hacer algo, como una excusa para no hacerlo nunca, o para esperar que alguien lo haga por nosotros. Y ahí es donde estamos equivocados, las cosas se hacen ahora o no se hacen, o eso es lo que dicen , pero nade habla de la caída, de que eso es tirarse por un abismo sin saber lo que hay al fondo, donde si tienes suerte sales vivo, y si no la tienes sales sobreviviendo.

Y acabas odiando al mundo cuando en realidad puede que lo que te esté diciendo es que te levantes del sofá y corras, que te pongas las pilas, que la vida no va a ir a buscarte a casa, y si te va a buscar no es precisamente la vida. 

Y acabas volviendo a usar el negro, y a abrigarte más de la cuenta aún siendo mayo, a no usar el color de el esperanza, a odiar los fines de semana, y las clases, y los recreos, y tu mal humor, o tu-no humor que termina por volverte loca, y acabas odiando que te abracen aunque lo que más quieres es que lo hagan, y que te pregunten porque es que ya no te brillan los ojos, porque ya no sonríes así, con todos los dientes, y es que te has aficionado a la sonrisa torcida.

El verano se acerca, y el sol no hace más que recordarte que el tiempo pasa. Y eso es precisamente lo que menos deseas.

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