martes, 26 de agosto de 2014

Agosto.

Te quiero porque te quise sin conocerte queriéndote conocer. Y conociéndote te sigo queriendo como el primer día que vi más allá de unos ojos verdes claros los días de sol, y oscuros los días de lluvia.
Y aunque parezca una contradicción, te quiero a tres centímetros de mi vida, a ras de pista, entre las líneas de mis costillas, corriendo la maratón de los despertares. Compartiendo la luz de la lámpara, un café solo, el agua de la ducha; los amaneceres sin sol, las noches sin luna que son más bonitas porque solo te puedo ver a ti.
Quiero perderme en el laberinto de tu vida, y deshacerlo entre secretos y susurros, y rehacerlo recorriéndolo de tu mano.
Te quiero como quiero estar contigo cada día y noche, tarde de invierno entre palomitas, anochecer de verano en una terraza cualquiera donde la única compañía seamos nosotros.

Lo sé, de ilusiones no se vive, aunque digan que sí, y es cierto, a veces ayuda.

Prometo que esta es la última vez que te escribo, aunque no creo que lo cumpla. Tenerte en mis palabras es mejor que no tenerte.


Te quiero.
Conmigo.
Aquí.
Ahora.
Siempre.


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