miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mentiría si dijera que ya no te echo de menos, y es que en cuanto el cielo se tiñe de gris, tu fantasma aparece para recordarme que no sé vivir sin ti, aunque lo intento.
Mentiría si dijera que no me acuerdo de tus pecas, de la forma de tus labios cuando sonríes, de tus ojeras de media mañana.
Mentiría si dijera que no me acuerdo de ti cada día, que me asaltas cada vez sueño despierta porque dormida hace mucho que has conquistado la cima.
Mentiría si dijera que estoy entera, como si no se me hubiera quedado una parte de mí en ti, que yo solo soy contigo.
Mentiría si dijera que no busco en cada persona que veo un gesto tuyo para saber que sigues ahí, que yo no estoy aquí, y que te sigue gustando el invierno porque tienes a quien abrazarte, y a mi no me guste porque yo solo quiero abrazarme a ti.
Mentiría si dijera que he encontrado otra musa,
porque tú
mi amor
siempre has sido
mi mejor inspiración.

Te escribo porque no encuentro mejor forma de recordarte y es que esta es la forma más bonita de recordar a alguien. Te llevo dentro porque eres parte de quien soy, parte indivisible e imperfecta de mi ser, sustancia líquida de mi sangre y estás escondido en el centro de mi pecho, porque cada vez que te recuerdo, duele, sangro, y te/me curas, al igual que una herida que supura pero que con el tiempo consigue cerrarse. Te quiero, y solo quiero que estés donde estés y hagas lo que hagas, encuentres tu sitio, de la misma forma que yo encontré el mío en ti.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi pequeña maravilla

Mentiría si dijera
que de todo lo que han visto mis pies
preferiría París
a una ciudad
que arde cada 24 de junio,
se viste de fiesta en agosto
y baila al son de una muiñeira.

A una ciudad que es sabia
y su savia somos todos,
los que estamos enamorados
de su clima carismático,
de sus Grafittis imposibles,
de sus  rincones desconocidos
y de la temperatura ambiente
de unos brazos en invierno
que te recuerdan que el frío
es solo una excusa más
para pedir que te abracen.

A una ciudad que es madre
de todo lo que somos,
amiga,
de todos nuestros recuerdos
y enemiga,
de todo lo que no somos
capaces de olvidar.

Y yo,
- que no sé si es cobardía o valentía,
si es por huir o por volver a empezar,
si es orgullo o fracaso -
digo adiós
a ver el mar todos los días,
conocer todas las calles,
y saber que no podría estar en un lugar mejor.