viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi pequeña maravilla

Mentiría si dijera
que de todo lo que han visto mis pies
preferiría París
a una ciudad
que arde cada 24 de junio,
se viste de fiesta en agosto
y baila al son de una muiñeira.

A una ciudad que es sabia
y su savia somos todos,
los que estamos enamorados
de su clima carismático,
de sus Grafittis imposibles,
de sus  rincones desconocidos
y de la temperatura ambiente
de unos brazos en invierno
que te recuerdan que el frío
es solo una excusa más
para pedir que te abracen.

A una ciudad que es madre
de todo lo que somos,
amiga,
de todos nuestros recuerdos
y enemiga,
de todo lo que no somos
capaces de olvidar.

Y yo,
- que no sé si es cobardía o valentía,
si es por huir o por volver a empezar,
si es orgullo o fracaso -
digo adiós
a ver el mar todos los días,
conocer todas las calles,
y saber que no podría estar en un lugar mejor.

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