lunes, 21 de abril de 2014

Ha vuelto el frío, cariño
y con él un poquito de ti.
Y yo ya no sé como deshacerme
de tus fantasmas.
Abrazarme, abrazarte,
viene a ser lo mismo,
porque sigo teniendo frío
porque todo se ha enfriado
y aún así
no quiero que llegue el sol.

Me suelen llamar masoquista
por seguir con algo perdido
pero es que ellos
no entienden que
es mejor el dolor que la nada.
Y ojalá nunca lo entiendan,
igual que ojalá no entiendan  tampoco que estos versos
se parecen más al frío que a mí,
y que ni siquiera merecen llamarse versos.



sábado, 29 de marzo de 2014

Llegó la tormenta.

Y ya me dirás que hago si cuando sueño apareces revolviéndolo todo y me despierto preguntándome qué estoy haciendo en mi cama. Estoy empezando a tenerle miedo a la noche (que quizá signifique que empiezo a tenerme miedo a mi) ya que cada vez que cierro los ojos apareces para perturbarme. Y no sabes lo que es no saber si quiero que me abraces o que me beses, o que me rompas un poco los esquemas, que viene a ser lo mismo.

Y supongo que nunca aceptaré y aún sigo inconscientemente pensando que eres mío, y puede que sea una forma de decir que nunca dejé de quererte y la verdad es que no sé que me está pasando, para qué mentir; y no me gusta.

Tengo tanta experiencia en perder oportunidades, que ya lo hago con los ojos cerrados. Es como un juego en el que siempre ganas, pero nunca consigues nada, y supongo que será por eso por lo que de tanto tirarme me conozco el precipicio y aún así me da miedo saltar.

Y es que no hay nada peor que alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones para sonreír, los sueños, las esperanzas. Que te quiten las ganas. Así que nos vestimos con un poquito de orgullo, y lo miramos todo desde la distancia, tanteando el abismo antes de saltar, porque si vamos a morir, queremos hacerlo por alguien que sepa llorarnos.

martes, 18 de marzo de 2014

Marzo.


Ya no hace frío, aunque yo sigo durmiendo con un pijama largo y abrazándome cada vez que algo me recuerda a él, y es que me congelo cuando pienso que se ha ido y que no va a volver. Y aún sigo sin aceptarlo, sigo esperando inconscientemente que vuelva aunque no estoy segura de que quiera que lo haga.
Supongo que las cosas han cambiado demasiado, pero sus ojos siguen siendo verdes, y los míos más bonitos cuando sueño despierta, sigue habiendo patos en Acea de Ama y también quien les dé de comer. O eso dicen, hace mucho que no ando esa media hora exacta que separa su casa de la mía mientras me como la cabeza pensando en qué estoy haciendo después de tantos intentos de salir del vicio. Al igual que me pregunto que estoy haciendo ahora escribiéndole, pero una amiga me dijo que eso de escribir no resucita, que entierra. Así que en vez de contárselo a un folio escribo que todavía te echo de menos y que estoy harta del todavía, que estoy harta de perder el tiempo en algo que sé que se ha ido, pero que no consigo aceptar que no va a volver.
Y ojalá algún día nos demos cuenta de que el amor es un gran hijo de puta que nunca cumple lo que promete. Igual que ojalá nos demos cuenta de que el invierno de verdad está dentro de uno, que el verano es su sonrisa y cualquier lugar con él de la mano puede ser París, o Bora Bora. Aunque yo prefiero Sada.

sábado, 1 de marzo de 2014


"Si vuelves con las alas rotas, dejaré el hacha enterrada. 
Pero tienes que saber, que no soy de piedra, 
y puede ser, 
que si me buscas, 
te encuentres entre mis brazos otra vez." -Guille Dinnbier.

viernes, 14 de febrero de 2014

Cicatrices.

Un día te das cuenta, el tiempo ha pasado y sigues en el mismo lugar de siempre, con todo lo que eso conlleva, sigues teniéndole miedo a las despedidas, o mejor dicho, a que no las haya, y a que se vayan sin avisar, como una forma de decir "gracias por todo" pero sin el gracias. Y te dejan con cosas que decir, con  unos cuantos recuerdos, pero sobre todo de "eh, ven, que te echo de menos" que sabes que no vale la pena pronunciar. Y puede ser por eso, por ese "eh, ven, que te echo de menos" silencioso por lo que no nos vamos, porque seguimos con la esperanza de que, algún día, decidan volver.

Y seguiremos siendo las mismas coordenadas de un mapa en el que no sabemos encontrarnos, en el que te preguntas por qué y hasta cuándo, y a lo mejor, lo mejor es no saber la respuesta. O que me estoy volviendo loca, que parece ser lo más probable, acostumbrada a que me disparen y decir que no me ha dolido cuando me estoy desangrando, a hacer el tonto esperando a que me reconstruyan, cuando en realidad no hacía falta, ya me he reconstruido yo. Porque ya sé que es bonito, o llámalo amor,  que alguien te haga y luego cure las heridas, pero nadie habla de las cicatrices que quedan, y no se ven. Y luego pesan, y se transforman en pesadillas de los domingos o en miradas perdidas de un lunes.Y no hablo de recuerdos, acordaros, si no de algo mucho más fuerte, cicatrices.





domingo, 26 de enero de 2014

Texto de Sergio Carrión (@SergioCarrion) Sin palabras.

"Porque al final uno acaba entendiendo que esperar a alguien es como callarse, y que sólo cuando una se va se dice “te quiero”. Porque a veces hay personas a las que no llegan trenes, y uno tiene que ir andando. Y soportar la distancia recorriéndola, y no quejándose de ella. Porque al final la soledad sólo es un prólogo que dura hasta que dejamos de cerrar la puerta, con la intención de que alguna persona se atreva a llamar. Porque a veces, y casi siempre, hay mucha gente que se queda en el umbral, con el miedo impidiéndoles acercarse del todo. Y uno entiende que la vida también sigue sin nadie, y que el sol brilla, y que el cielo vuelve a vestirse de azul bonito, aunque nos sintamos tristes. Y que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos cuando no nos importa salvarnos. O al menos intentarlo. Y que de nada sirve pedir que nos acepten, si vamos juzgando a los demás sin conocerlos. Porque las personas son más de lo que dicen, y lo que callan hay que aprender a escucharlo con el tiempo. Y con el tiempo uno entiende que acostumbrarse es otra forma de morir, y que hasta lo sano resulta dañino si no aceptamos que hasta lo bueno termina. Porque también hay que aprender a irse, al igual que hay que aprender a dejar marchar, y a no llegar a ningún sitio. Porque el error más grande del mundo es cometer un error y no ver que estamos más cerca del acierto. Y caer y pensar que el dolor no nos cura un poco. Porque se vive sintiendo, y no hay otra forma. Y ojalá nos demos cuenta de eso antes de vestir con cada beso. Y una mano en el la que encajar con nuestra mano. Y un atardecer que contemplar al lado de alguien, pensando que, al final, no todo ha salido tan mal como esperábamos."

miércoles, 22 de enero de 2014

14 van ya, y los que nos quedan.

Bueno mi rubia, mi bichito azul, aquí estoy un año más intentando escribir algo que valga la pena para alegrarte el día y si es posible, emocionarte.

Te me haces mayor cariño, parece que fue ayer cuando compartíamos pupitre, cotilleos, juegos e incluso riñas. Está claro que nos enfadamos muchas veces, pero aquí estamos y aquí seguimos, y en eso consiste la verdadera amistad, no es ser inseparables, si no en separarse y que no cambie nada.
Sigo echando de menos no ver tu cara por las mañanas, hacer trabajos juntas, ponerse a jugar al monopoli a las tres de la mañana, esa manera que tienes de reírte por cosas insignificantes, compartir la merienda en el recreo e incluso cuando tus dibujos eran mejores que los míos.
Hemos vivido muchas cosas juntas, de esas que no se olvidan ni se olvidarán nunca. Te he visto crecer, madurar, como cambiabas de peinado, de letra, de estilo de vestir, de compañía e incluso de amor. Y no cambio eso ni por todo el oro del mundo.
Muchas gracias por todos los momentos, por seguir estando ahí desde los tres añitos y por los muchos  más años que estaremos juntas. Por conocerme y saber hasta lo que estoy pensando, porque da igual que no nos veamos en una semana, un día sin saber de ti ya no es lo mismo, y joder, que hace mucho que ya lo sabes todo, que no eres una amiga, eres mucho más. Así que deja de leer estas tonterías que ya sabes que eres imprescindible. Que yo tengo el contrato de permanencia de por vida firmado hace ya mucho. Y no me arrepiento.
Eres única mi niña, que nadie te haga creer lo contrario. Te quiero muchísimo.
Muchísimas felicidades otra vez, disfruta de tus 17 que te lo mereces.