martes, 26 de agosto de 2014

Agosto.

Te quiero porque te quise sin conocerte queriéndote conocer. Y conociéndote te sigo queriendo como el primer día que vi más allá de unos ojos verdes claros los días de sol, y oscuros los días de lluvia.
Y aunque parezca una contradicción, te quiero a tres centímetros de mi vida, a ras de pista, entre las líneas de mis costillas, corriendo la maratón de los despertares. Compartiendo la luz de la lámpara, un café solo, el agua de la ducha; los amaneceres sin sol, las noches sin luna que son más bonitas porque solo te puedo ver a ti.
Quiero perderme en el laberinto de tu vida, y deshacerlo entre secretos y susurros, y rehacerlo recorriéndolo de tu mano.
Te quiero como quiero estar contigo cada día y noche, tarde de invierno entre palomitas, anochecer de verano en una terraza cualquiera donde la única compañía seamos nosotros.

Lo sé, de ilusiones no se vive, aunque digan que sí, y es cierto, a veces ayuda.

Prometo que esta es la última vez que te escribo, aunque no creo que lo cumpla. Tenerte en mis palabras es mejor que no tenerte.


Te quiero.
Conmigo.
Aquí.
Ahora.
Siempre.


sábado, 10 de mayo de 2014

Un mayo cualquiera.

La vida se puede acabar en un segundo. En disparo, una accidente, un paro cardíaco... Un segundo es todo lo que separa la vida de todo lo demás. Y supongo que es por eso por lo que nos empeñamos en intentar exprimirla al máximo.
Pero hay cosas que también se pueden deshacer entre tus manos como el humo. Y es que alguien te quite lo más bonito que tienes, es decir, las razones para sonreír, los sueños, las esperanzas, sobre todo eso, la esperanza. . Y en ese segundo el frío vuelve un poco más a ti, y por un momento estás en el polo norte, sin nadie ni nada. Pero te levantas y pones tu mejor sonrisa, como si lo que acabas de escuchar no hubiera hecho el hueco más grande del mundo, y sacas la actriz que llevas dentro, porque puestos a perder, vamos a hacerlo con elegancia. Y es justo ahí, cuando te das cuenta que las oportunidades, los trenes, solo pasan una vez en la vida, y si no te has subido a ellos ya no hay nada que hacer aunque vayas a esperarlos a la estación, aunque corras detrás del último vagón.

Puede que siempre esperemos el momento adecuado para hacer algo, como una excusa para no hacerlo nunca, o para esperar que alguien lo haga por nosotros. Y ahí es donde estamos equivocados, las cosas se hacen ahora o no se hacen, o eso es lo que dicen , pero nade habla de la caída, de que eso es tirarse por un abismo sin saber lo que hay al fondo, donde si tienes suerte sales vivo, y si no la tienes sales sobreviviendo.

Y acabas odiando al mundo cuando en realidad puede que lo que te esté diciendo es que te levantes del sofá y corras, que te pongas las pilas, que la vida no va a ir a buscarte a casa, y si te va a buscar no es precisamente la vida. 

Y acabas volviendo a usar el negro, y a abrigarte más de la cuenta aún siendo mayo, a no usar el color de el esperanza, a odiar los fines de semana, y las clases, y los recreos, y tu mal humor, o tu-no humor que termina por volverte loca, y acabas odiando que te abracen aunque lo que más quieres es que lo hagan, y que te pregunten porque es que ya no te brillan los ojos, porque ya no sonríes así, con todos los dientes, y es que te has aficionado a la sonrisa torcida.

El verano se acerca, y el sol no hace más que recordarte que el tiempo pasa. Y eso es precisamente lo que menos deseas.

jueves, 1 de mayo de 2014

¿Qué hijo de puta nos robará este año el mes de abril?

A mí nadie. O eso creía.

Me robó el mes de abril, como lo llevaba haciendo mucho tiempo. Y supongo que de alguna forma siempre fue suyo, al igual que el de mayo siempre fue mío. Pero se fue, sin antes, ni siquiera, haber vuelto. Y de alguna forma es mejor así, o eso dicen. Y es cierto, pero sigues queriendo que se quede, aún cuando sabes que es mejor que siga donde está. Porque esta vez no quedan excusas, ni nada por decir, y el orgullo también puede ser tu mejor amigo aunque a veces te mate. Y a mí, la ausencia de él hace mucho que me hace daño, así que nos vestimos con un poco de orgullo, y tanteamos todo desde la distancia, porque si vamos a tirarnos al precipicio por alguien, queremos hacerlo por alguien que sepa llorarnos, o que al menos lo intente. 

Y que pena que las cicatrices más bonitas procedan de las hostias que no sabíamos que nos daríamos, y yo tengo una en el pecho, debajo de la piel, que lleva tatuada tu nombre. Se abre cada vez que llamas a la puerta y te quedas en el umbral, como decidiendo si entrar o no, y al mismo tiempo, sabiendo que lo que más quieres es hacerlo. Pero no lo haces, y te ríes de la que después de todo sigue teniendo un hueco que no puede llenar ni con unos brazos nuevos.    
Sigo con la esperanza de que algún día se cierre todo, puede que por eso me gusta tanto el verde. 
El color de la esperanza.








lunes, 21 de abril de 2014

Ha vuelto el frío, cariño
y con él un poquito de ti.
Y yo ya no sé como deshacerme
de tus fantasmas.
Abrazarme, abrazarte,
viene a ser lo mismo,
porque sigo teniendo frío
porque todo se ha enfriado
y aún así
no quiero que llegue el sol.

Me suelen llamar masoquista
por seguir con algo perdido
pero es que ellos
no entienden que
es mejor el dolor que la nada.
Y ojalá nunca lo entiendan,
igual que ojalá no entiendan  tampoco que estos versos
se parecen más al frío que a mí,
y que ni siquiera merecen llamarse versos.



sábado, 29 de marzo de 2014

Llegó la tormenta.

Y ya me dirás que hago si cuando sueño apareces revolviéndolo todo y me despierto preguntándome qué estoy haciendo en mi cama. Estoy empezando a tenerle miedo a la noche (que quizá signifique que empiezo a tenerme miedo a mi) ya que cada vez que cierro los ojos apareces para perturbarme. Y no sabes lo que es no saber si quiero que me abraces o que me beses, o que me rompas un poco los esquemas, que viene a ser lo mismo.

Y supongo que nunca aceptaré y aún sigo inconscientemente pensando que eres mío, y puede que sea una forma de decir que nunca dejé de quererte y la verdad es que no sé que me está pasando, para qué mentir; y no me gusta.

Tengo tanta experiencia en perder oportunidades, que ya lo hago con los ojos cerrados. Es como un juego en el que siempre ganas, pero nunca consigues nada, y supongo que será por eso por lo que de tanto tirarme me conozco el precipicio y aún así me da miedo saltar.

Y es que no hay nada peor que alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones para sonreír, los sueños, las esperanzas. Que te quiten las ganas. Así que nos vestimos con un poquito de orgullo, y lo miramos todo desde la distancia, tanteando el abismo antes de saltar, porque si vamos a morir, queremos hacerlo por alguien que sepa llorarnos.

martes, 18 de marzo de 2014

Marzo.


Ya no hace frío, aunque yo sigo durmiendo con un pijama largo y abrazándome cada vez que algo me recuerda a él, y es que me congelo cuando pienso que se ha ido y que no va a volver. Y aún sigo sin aceptarlo, sigo esperando inconscientemente que vuelva aunque no estoy segura de que quiera que lo haga.
Supongo que las cosas han cambiado demasiado, pero sus ojos siguen siendo verdes, y los míos más bonitos cuando sueño despierta, sigue habiendo patos en Acea de Ama y también quien les dé de comer. O eso dicen, hace mucho que no ando esa media hora exacta que separa su casa de la mía mientras me como la cabeza pensando en qué estoy haciendo después de tantos intentos de salir del vicio. Al igual que me pregunto que estoy haciendo ahora escribiéndole, pero una amiga me dijo que eso de escribir no resucita, que entierra. Así que en vez de contárselo a un folio escribo que todavía te echo de menos y que estoy harta del todavía, que estoy harta de perder el tiempo en algo que sé que se ha ido, pero que no consigo aceptar que no va a volver.
Y ojalá algún día nos demos cuenta de que el amor es un gran hijo de puta que nunca cumple lo que promete. Igual que ojalá nos demos cuenta de que el invierno de verdad está dentro de uno, que el verano es su sonrisa y cualquier lugar con él de la mano puede ser París, o Bora Bora. Aunque yo prefiero Sada.

sábado, 1 de marzo de 2014


"Si vuelves con las alas rotas, dejaré el hacha enterrada. 
Pero tienes que saber, que no soy de piedra, 
y puede ser, 
que si me buscas, 
te encuentres entre mis brazos otra vez." -Guille Dinnbier.